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Decadentismo mexicano: rebeldía y agotamiento

El  fin de siècle en México dio origen a un grupo de jóvenes que adoptaron la filosofía decadente y se opusieron, al igual que en otros países, a las teorías positivistas y utilitarias que se expandieron en occidente. Basados en un ideal de progreso, la sociedades se enfocaron cada vez más en los avances científicos, académicos e industriales abrazando así la época moderna. Sin embargo, esta ideología provocó también pensamientos unilaterales que imposibilitaron, y en todo caso prohibieron, la diversidad de ideas, la pluralidad de visiones.

La corriente decadente tuvo sus inicios en Francia a finales del siglo XIX. Invadidos por una total decepción después de que Alemania les arrebatara Alsacia y Lorena, los franceses pusieron toda su atención en el crecimiento industrial y vieron el fin de la monarquía. En medio de estos cambios sociales y políticos nace el Tercer Régimen y con él los decadentes. Los escritores más descados en esta corriente fueron Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Joris-Karl Huysmans, entre otros.

Melancolía, Edvard Munch, olio sobre tela, 1894-1895

Pero, ¿en sí qué es el decadentismo? Palabras más, palabras menos es un movimiento artístico, y en muchos casos espiritual, donde se manifiesta agotamiento y hastío, el spleen frente a un mundo modernizado, materialista y represivo. Se caracteriza por exaltar el pasado aristocrático, manejar un lenguaje refinado, y por abordar temas como la sexualidad y los vicios de manera exacerbada.

Como la mayoría de los movimientos europeos, el decadentismo también llegó a México. Durante el porfiriato se buscó el crecimiento y desarrollo del país imitando ciudades como Francia; se abrieron instituciones y hubo mayor infraestructura, sin embargo, en medio de esta evolución también se crearon posturas dictatoriales, intolerancia a lo diferente y un rechazo indiscutible hacia todo aquello que se opusiera al orden y el progreso.

Fueron José Juan Tablada, Alberto Leduc, Bernardo Couto, Jesús E. Valenzuela, Efrén Rebolledo, Ciro B. Ceballos, Rubén M. Campos y Amado Nervo quienes adoptaron la corriente decadentista en medio de una sociedad altamente conservadora, llena de prejuicios y apegados  a la religión de la ciencia.  Formaron a través de sus textos y su estilo de vida el estereotipo clásico del decadente: un joven rebelde, reaccionario y precoz interesado en el arte y en la búsqueda de experiencias hedonistas.

Uno de los objetivos de los decadentes mexicanos fue usar la literatura como un medio para reflejar y satirizar su entorno. Como dice José Mariana Leyva, utilizaron los vicios y el sadismo en sus letras como una exageración surgida de la emancipación social. Sentían un intenso idealismo por el pasado y una hambre de excesos para combatir el aburrimiento.

La esperanza, Julio Ruelas (1902)

Se les consideraba violentos, sádicos y hasta locos, ya que sus cuentos y novelas no reflejaban otra cosa más que el rechazo a las prácticas morales y sociales. Sus obras están empapadas de hombres que tienden al masoquismo, a las drogas y la inestabilidad emocional,  que se involucran en actos sexuales desenfrenados, fóbias, fetiches y desviaciones; vemos incesto, onanismo, sodomía, orgías, entre otras inclinaciones.

¿Fue tan grande la pesadez del «Fin de Siglo»? Así es. Hay una sensación de vacío, un cuestionamiento constante hacia la existencia y a la vez una fuerte necesidad de reconocimiento. Eran transgresores y les gustaba serlo, disfrutaban viendo a la gente alzar la voz y escandalizarse frente a sus historias.

En 1898 nace la Revista Moderna, un espacio cultural donde los decadentistas lograron hacer llegar sus letras a la gente que simpatizaba con ellos y donde además se exploraron las artes plásticas y la ilustración. El impulsor y fundador de este proyecto fue Bernardo Couto, el más joven del grupo y quien resaltaría la personalidad del decadente al llevar una vida bohemia, impetuosa y frenética y al morir a temprana edad.

La figura del hombre que muere joven es básica en las obras decadentistas. Estos personajes  no toleran el entorno en el que viven y por eso prefieren despedirse del mundo conservando su rebeldía y su alma creativa. Otra de las características que vemos en los textos es la presencia de las mujeres. En la cotidianidad mexicana la mujer tiene prohibido ir a lugares destinados sólo para hombres, mostrarse sexualmente abiertas y, esencialmente, estar vivas. Los decadentes rompen con estas normas y nos muestras féminas peligrosas –la femme fatal–, causantes de tensiones y miedos en el hombre, nada vulnerables, lejos de su destino como esposas y madres.

La domadora, Julio Ruelas. 1897

En conjunto vemos en la literatura decadentista mexicana personajes fuera de órbita, rechazando su destino y condición para mostrarse ajenos a la realidad: «prostitutas con corazones de oro, aristócratas viciosos y jóvenes que nuca llegan a viejos» (Leyva, José Mariano). También vemos el tedio frente a un mundo que ha perdido su misterio y que ahora se concentra en la ciencia, en la política, en el dinero y en las ideologías, donde al parecer no cabe la novedad, las pasiones o la posibilidad hacer o ser algo diferente.

La represión impulsa la brutalidad y los apetitos sombríos, por eso la violencia es básica para diferenciar el decadentismo de movimientos como el romanticismo o el simbolizo. La violencia la vemos en los excesos  y en las alteraciones tan drásticas que experimentan los personajes. Los decadentes mexicanos poseen un impulso por alcanzar lo que les ha sido negado y por eso lo llevan al extremo. Viven latentes frente a la imposibilidad de saciar sus deseos.

Sin duda, el decadentismo en México llegó para irrumpir en un saco de fuerza. Couto, Ruelas, Valenzuela, Ceballos y todos los demás mencionados, unieron sus tintas y su encuentros por los bares de la ciudad para experimentar los límites de la vida y los extremos de sus letras. Aunque fueron considerados inexpertos e inmaduros intelectual y artísticamente, el fruto de sus obras no fue más que la reacción de unas almas inquietas, ansiosas, desesperadas en busca de libertad y de estímulos en medio de un mundo cada vez más mecanizado.

 

Fuente: Leyva, José Mariano. Perversos y Pesimistas. Los escritores decadentistas mexicanos en el nacimiento de la modernidad. México: Tusquets, 2013 (Colección Tiempo de Memorias)

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